[ojalá fuera puro cuento]

domingo 21 de septiembre de 2008

No quiero escuchar tu música


Sé que no soy el vivo ejemplo de la melomanía. Ni siquiera puedo mantener una conversación sobre música más o menos respetable. No tengo oído, gustos particulares, ni me siento a escuchar un disco completo más de una vez. Pero más allá de todo esto, me siento ampliamente capacitada para luchar por mis derechos y decir: ESTOY CANSADA DE LA GENTE QUE SUBE AL COLECTIVO ESCUCHANDO MÚSICA A ELEVADO VOLÚMEN Y OBLIGANDO AL RESTO DE LOS PASAJEROS A VIAJAR TODO EL TRAYECTO ABRUMADO POR SU SONIDO.


Es claro que esto es otra consecuencia de los avances tecnológicos: los auriculares y mp3 quedaron atrás, la nueva moda... estar en la cresta de la ola indica que tenés que escuchar música con tu celular, reproductor con parlantes u otro artefacto, a todo volumen. Y por consiguiente hacer que todo el mundo escuche lo mismo que vos. Más allá de que hasta ahora no me tocó alguien que escuche múscia variada, respetable o... al menos algo que diste de los repetitivos sobidos del electro, rap o cumbia, lo que molesta no es el ritmo elegido sino el ataque a la libertad de elección.


Que el colectivo sea un transporte público no indica que cada uno pueda hacer lo que se le canta en él, sino que es un lugar que momentaneamente nos pertenece a todos y por lo cual debemos actuar respetando al otro, sin molestar. [No confundir libertad con libertinaje... diría una monja que alguna vez crucé en la escuela primaria]


Días pasados. Colectivo lleno. Horario de salida escolar. Suben unos muchachitos con un reproductor a todo volumen, escuchando cumbia y se ubican justo detrás mío. Su parlante detrás de mi oreja. Les pido por favor y educadamente que lo bajen un poco [ni siquiera les dije que lo apaguen!!!] y obviamente no me hicieron caso. Uno de ellos, algo afectado por mi solicitud, le pidió al portador del artefacto que al menos lo baje un poco... y cuando estaba a punto de producirse el milagro, otro lo instó a que ponga orden tirando "tres o cuatro tiros al techo" a lo que el portador del artefacto respondió que comenzaría a los "navajazos". Obviamente no dije más nada, porque continuar hubiese significado tener que pelear y discutir con chicos que no entenderían mi pedido y se violentarían generando una situación indeseada... igualmente aprovecho para decirles que ¡No les tengo miedo!


Más allá de la anécdota, no encuentro solución a este nuevo flagelo social que atenta contra las libertades personales, la paz y la tranquilidad de aquellos que, como yo, tomamos más colectivos que mate. El mensaje es claro: No quiero escuchar tu música y no me importa que tengas un celular última generación que te permite hacerlo a todo volumen... o a caso yo voy leyendote novelas españolas del siglo XX a los gritos para que te enteres qué es lo que estoy estudiando????




He dicho, gracias.-

4 escribidores aquí:

agn dijo...

Primero, celébrase su regreso.

En torno a los niños con teléfonos y esas cosas, he decidido cuasi bloquear un segmento de la realidad en pos de cierta homeóstasis también pensando en quienes me rodean (no quiero matar a nadie)... entre lo que es la televisión (monstruo que me acecha desde consultorios médicos hasta casas de lejanos conocidos oscuros), "la juventud" (ahora uno se reiría de lo "perdida" que creíamos que estaba hace unos años... ahora.. que aparecieron los floggers...) y el estado general de cosas
[recuerdo un artículo que leí en un documental, hablando de un disco, que ponía esa sensación muy crudamente: un sentimiento de impotencia acerca del mundo alrededor. Uno puede mirar por la ventana, prender la tele o leer un diario, y a menos que tu poder equivalga al de un superhéroe de ficcion o una corporación multinacional, no hay modo en que puedas alterar tu ambiente. El mudno gira sobre un eje propio y vos no podés hacer nada]
hay que tener nervio, cabeza y estómago para seguir funcionando con pretensiones de constancia e integridad.

Al final, el tono otoñal de tu post de primavera se reverdificó con la nota sobre el paseo en bici doble! Qué jovial!

"aquellos que, como yo, tomamos más colectivos que mate" petacular...

Chaucha.

pd. sobre lo del documental. Sí, uno puede cambiar el alrededor. Pero si uno lucha y se desangra, digamos, por salvar lo que está al propio alcance, ¿quién resiste la mirada de todo lo que padece hambre, agoniza y muere alrededor y a las puertas de otros? y a la vez, ¿cómo evitar tratar de hacer algo?
pd2. tomo todo este desvarío pesimista como comentario también a tus posts "Y me refiero ahí abajo!", "De emos, floggers, darks y otras yerbas..." y otros de esos que me quedan grabados.

Martín Aon dijo...

Qué buena noticia que haya vuelto a teclear por acá...

Yo creo que habría que homologar "la patada en el culo" de antaño.

Y no como apología de la violencia.

Hay que distinguirla del maltrato, de la paliza, despojarla de la violencia toda y permitirla a secas.

Su aplicación no debería ir acompañada siquiera de un insulto, nada.

Pibe te saca los tímpanos con su telefonito y se ríe.
Tuc... patada en el culo y: nene... eso no se hace. Listo.

Sin puteadas, sin planes mentales para desterrar tribus urbanas, sin secretas ganas de moler a palos a una generación.

Estoy a favor de la mera patada correctiva.

Saludos y celebro su vuelta hasta la próxima postergación.

Aon

Yoel Rigo dijo...

Con respecto al tema trado... Veo muy extremista tu posición, hasta creo que no merece ser tratado esta cuestión, ya que el mundo donde vivimos, CONVIVIMOS unos con otros. Hay que saber respetar "ideales", "pensamientos" o como quieras llamarlos...



En fin, lindo blog. Llegué sin querer y me quedé.





consecuenciademiciencia.blogspot.com

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Leo_SCI dijo...

Hola Marian! Te fijaste que aún hay colectivos que tienen el cartel de prohibido el uso de radios? ja
Este es otro ejemplo de lo bien que sabemos respetarnos.
Un beso!